Ella misma había dibujado cada uno de ellos; a esa hora cuando todos aparentemente duermen no le quedó más remedio que levantarse y desahogar a través de lápiz y la hoja un sentimiento que no sabía muy bien ni como explicar...
¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué se sentía así?... Mientras se preguntaba eso se miró al espejo con sus propios ojos y no pudo reconocer a la mujer fría que fue hasta entonces... La verdad era tan extraño, porque jamás imaginó que un encuentro con un simple caballo pudiera provocar que ella pudiera ponerse así.
¡Basta! se dijo a sí misma y en su afán por cortarle las alas a esos pensamientos y a esas sensaciones, arranco todas y cada una de las ilustraciones que ella misma colocó ahí... Pero sólo logró que su mente cambiara de escenario y le repitiera el incidente que apenas había tenido lugar un par de días antes y se dio en apariencia sin importancia... El martes por la tarde, luego de llegar al bar donde de manera clandestina se podían adquirir botellas de agua en mayor cantidad de lo que las autoridades permitían y donde obviamente ella era una de las grandes proveedoras; antes de entrar en el polvoriento y deteriorado lugar; en el exterior se encontró con
Chiquis, un hombre mezquino y ambicioso que tenía fama de robar cosas que aún eran valiosas, para luego venderlas también en el mercado negro... Pero esa historia no importaba, ella la sabía de antemano, porque a pesar de que no era su enemigo, para
María lo más trascendente sobre aquel hombre era que sin importar lo buen negociante que fuera, al igual que sucedía con todas las personas, no se podía confiar en él.
María y
Chiquis ya se conocían y coincidieron cientos de veces, pero aquella tarde, a las afueras del bar en medio de las dunas donde lo que quedaba de la civilización terminaba, ella vió que a diferencia de otras ocasiones en que se habían encontrado, esta vez
Chiquis, transportaba sus mercancías en una carreta que era tirada por un caballo.
Era imposible no fijarse en ese detalle, porque hacía no sabía cuanto tiempo no veía un animal de esos, era un ejemplar hermoso
(a pesar de estar visiblemente descuidado, quizá por el tipo de explotación a la que había sido sometido); y quizá
María no hubiera reparado en ningún otro detalle sobre el equino; pero el destino que siempre es caprichoso decidió que justo un instante antes de subir los escalones de madera y cruzar el umbral de la entrada principal del bar, su mirada tropezara con los ojos del caballo y aunque fue sólo un instante fugaz, a partir de ese día ya nada volvió a ser como antes.
María realizó las transacciones que tenía programadas ese día con el dueño del bar que al igual que ella sobrevivía vendiendo el famoso oro blanco embotellado.... Sin embargo, aquella tarde no le importó que el tabernero le regateara más de lo acostumbrado por la mercancía; porque sus pensamientos se quedaron a partir de entonces puestos sobre la imagen del caballo que pertenecía a aquel hombre en quien no se podía confiar.
Con los dibujos apilados sobre la superficie de madera del peinador, una vez más
María se obligó a sí misma a dejar de lado esos pensamientos para volver de manera urgente a la realidad. Tenía que salir de casa; si no perdería el resto del día y con ello la mayor parte de los negocios buenos, así que se apresuró y después de quitar el candado y girar la perilla de combinación que eran la única manera de poder abrir un enorme refrigerador de la época de los
50´s del que extrajo una cerveza y al mismo tiempo le permitía ocultar de manera segura parte del cargamento que poseía en baterías y botellas de agua; extrajo también unas gafas extrañas con el armazón de metal.
Aquel era otro objeto inservible. Ni siquiera recordaba con exactitud cuando lo había comprado... Como tantas otras cosas que compraba y vendía, los había dejado arrumbados para volverlos a sacar cuando tuviera suficientes artefactos de metal para vender; y en aquel día, en su afán por distraer su mente a como diera lugar del recuerdo perturbante de su encuentro con aquel caballo, en tono de broma se los puso y de inmediato se acercó al espejo para descubrir cuál era su apariencia con ellos puestos.
Empezó a divertirse, pues imaginó que con un poco de color en los labios y sin prestar mucha atención a uno de los vidrios de los lentes que estaba estrellado, ella no se veía del todo mal... Pero el sentimiento de vanidad le duró muy poco, cuando a través del mismo espejo que la reflejaba a ella, observo a sus espaldas la puerta abierta de su casa remolque por la que era claramente visible la imagen de un hombre joven que caminaba en dirección hacia donde ella estaba; mientras que
Chiquis, el traficante de artículos clandestinos iba detrás de él.
El corazón le dio un vuelco, ya que aquel hombre desconocido le estremeció algo por dentro...
¿qué estaba pasando? ¿Por qué razón sentía eso?... Asustada se quitó los lentes, y se dejó caer de nuevo sobre el banco de madera frente al peinador... Sus ojos tropezaron de nuevo con los dibujos apilados y sin saber porque de pronto tuvo la necesidad de observarlos también bajo el crisol de aquellos anteojos que hasta ese día habían dejado de ser un objeto inservible.
Barajeó cada uno de los trozos de papel con esas gafas puestas, y entonces descubrió al estar pasando cada una de las hojas, imágenes que obviamente no estaban en el dibujo; y en las que se descubrió a ella misma muy cerca del caballo.
Había algunas donde ambos se miraban de frente a los ojos, otras en las que ella viajaba montada sobre él, pero las que más le estremecieron fueron las que estando con su frente reclinada sobre el rostro del caballo; se hacía evidente entre ellos una conexión ancestral.
Ahí fue que lo comprendió todo... No había dejado de pensar en él porque en el instante en que sus miradas se cruzaron, ella lo reconoció de otras vidas... No sabía si con él pasaba lo mismo, pero de lo que si estaba segura era de que su destino era volver a estar juntos, para ser amigos, amantes, o hermanos, tal como venía sucediendo a través de tantas encarnaciones y existencias... Ella no lo sabía pero a pesar de que le perteneciera a
Chiquis, en su interior algo le decía que tenía que recuperarlo a como diera lugar.
El dinero y el sexo en una época como esa, ya no eran moneda de cambio para nadie, así que no podía apelar a tentar la ambición del traficante... Sin embargo sabía que durante años
Chiquis había deseado descubrir la bodega escondida en la que
María había resguardado las mercancías clandestinas que logró acumular durante años, y estaba dispuesta a dejar que las descubriera si eso representaba su única oportunidad para apoderarse del caballo.
Sin darle demasiadas vueltas al asunto, puso en marcha su plan y a través del tabernero le dejó un mensaje a
Chiquis donde lo citaba a cierta hora de la noche para proponerle
"el negocio de su vida"... El traficante no dudó en acudir, pues conocía la fama que
María también tenía como contrabandista.
La hora pactada para el encuentro llegó; y
María oculta en algún lugar de aquella inmensa bodega repleta de botellas de agua y espejos de cuerpo entero que en otro tiempo pertenecieron a una mueblería, con la mirada cubierta bajo el enfoque de aquellos extraños lentes, observó que tal como lo acordaron
Chiquis asistió a la cita acompañado del caballo.
Si se despejaba de los espejuelos, eso era lo que observaba; pero al volverlos a colocar enfrente de sus ojos, en lugar de la imagen del equino, se revelaba frente a ella la imagen del hombre que vio a través de los dibujos... Esta vez el caballo estaba tan inquieto como ella. Era él único que se había dado cuenta que
María estaba ya también en el lugar, así que sin perder tiempo, hizo acto de presencia ante
Chiquis, y le ofreció darle a cambio todo lo que veía a su alrededor a cambio del caballo.
Era evidente que una negociación de ese tipo no iba a cerrarse a la primera... Era demasiado el interés que
María tenía en un simple caballo, así que para poder quedárselo tendría que ofrecerle algo más...
María tenía una carta muy valiosa guardada bajo la manga... Al fondo de la bodega había un pequeño cuarto, resguardado con candados y cerrojos; así que ella se lo hizo saber y mientras lo abría le develó que en el interior de ese lugar estaba lo más valioso que durante años protegió esa bodega y que no era otra cosa más que la maquinaria que servía para purificar agua que incluso estuviera contaminada...
Chiquis comprendió entonces de donde surgió la bonanza y buena fortuna que acompañó durante tantos años a
María, pues quien fuera poseedor de algo como eso, sin duda tenía el poder y la fortuna en sus manos...
Cegado por la ambición no dudó en seguirla y entrar en ese espacio confinado al fondo de la bodega, y mientras emocionado él imaginaba todo lo que podría obtener siendo el dueño de todo eso,
María fue mucho más astuta y mientras estaba descuidado ella salió y luego lo encerró...
Ahora sí ella y el caballo estaban frente a frente, y con las gafas puestas volvió a encontrarse en sus ojos y ambos se reconocieron de otras vidas... En los espejos que llevaban años sin proyectar ni siquiera un rayo de luz de los que se colaban por los resquicios de aquella bodega, se reflejaron entonces imágenes de ambos en los que tanto
María como aquel caballo, que no era otro más que el hombre no tan desconocido que vio a través de sus ilustraciones, coincidieron una y otra vez en distintas épocas y tiempos, intentando siempre saldar cargas emocionales, eligiéndose una y otra vez al inicio y al término de cada vida, para ayudarse uno al otro a depurar el pasado kármico que aún no terminaba y era lo que no les permitía haberse alcanzado uno al otro para quedarse juntos hasta el final del tiempo....
Eso fue lo que ambos se dijeron tan sólo con la mirada... Tanto ella como él estaban dispuestos a vivir otras vidas y pasar lo que fuera necesario con tal de llegar juntos a la eternidad... Sin embargo, en el momento presente no iba a ser así de fácil, pues
Chiquis también era demasiado astuto y previniendo que dentro de las negociaciones entre traficantes siempre uno de los dos debía obtener una mayor ventaja, ese sin duda alguna tendría que ser él.
Con ayuda de una pistola de lazer, logró forzar las cerraduras que lo mantenían encerrado, y al ver a
María junto al caballo y con las gafas puestas, y las imágenes de otras vidas proyectadas en cada espejo, entendió que el verdadero botín era ese...
María intentó huir llevándose junto con ella el caballo, y aunque logró cierta ventaja, entrando y saliendo por los diversos espejos, en medio de la persecución,
Chiquis fue rompiendo a punta de pistola cada uno de ellos cada vez que salía de uno para entrar a otro con la intención de acorralarlos a ambos...
Sólo quedaba un espejo, la última oportunidad de escape y la puerta de entrada a otra dimensión y tiempo...
María y el muchacho lograron cruzar el umbral, pero no lograron esquivar uno de los rayos de la pistola, y al pasar al otro lado; él volvió a ser un caballo y encima herido de gravedad.
María miró en el espejo su propio reflejo mientras se arrodillaba junto al caballo sin poder hacer nada... Mientras una sombra enorme lo invadió todo, seguido del estruendo de un derrumbe y el sonido de una máquina potente que acabó en un segundo con todo lo que había en ese lugar...
Una vez más el destino había ganado la partida... Pero tal vez en otro tiempo y espacio, en otros cuerpos con la misma alma, quizá volvería a darles otra oportunidad...
"Turista del Amor" (2011) | Jot Dog | "Lluvia de Estrellas" | Track No. 7